jueves, 25 de octubre de 2007

Sin derecho a tener “derechos”

Sin derecho a tener “derechos”

Los integrantes del Ballet Contemporáneo estamos en estado de emergencia. Situación que siempre existió, pero que en los últimos dos años, se hizo presente con una serie ininterrumpida de hechos concretos que expusieron los causales de este “estado de emergencia permanente” de manera aplastante:

1) A fines del año 2005, a dos compañeras nuestras (Laura Cucchetti y Mariela Alarcón) no se les renovó el contrato. Por ser el Ballet del San Martín la única compañía contemporánea oficial, no pudieron seguir solventándose con su profesión de bailarinas contemporáneas. No fueron las primeras personas, ni serán las últimas, a las que se les suprimió su continuidad laboral (dado el actual sistema contractual); pero su despido caló hondo en la moral de la compañía y del público que sigue recordándolas por ser dos de las más destacadas trabajadoras de este teatro, por su larga trayectoria (19 años), experiencia y entrega artística. Este hecho, puso sobre la mesa el primer gran problema de todos los bailarines: Cuando se nos despide nos niegan el derecho a ser indemnizados. Y mientras permanecemos trabajando, no nos realizan los aportes que nos permitirían acceder a una futura jubilación.

2) El trabajo de cualquier bailarín requiere una gran exigencia física y siempre existe el riesgo de padecer lesiones. Desde Noviembre del 2006 hasta la fecha hemos sufrido varios accidentes de trabajo donde fue necesaria la intervención quirúrgica de seis compañeros. Cada una de esas operaciones promedió los 5.000 pesos y fueron cubiertas por el propio bolsillo del damnificado, porque a los trabajadores artísticos del C.T.B.A. se nos niega el derecho a tener una A.R.T. Derecho que el Gobierno de la Ciudad brinda a todos sus trabajadores, sean de planta permanente, transitoria o por locación de servicios que realicen tareas con habitualidad y regularidad.

3) Desde su creación, hace 30 años, el Ballet “Estable” del Teatro San Martín es completamente INESTABLE porque nunca fue creado, institucionalizado, ni nomenclado. El Ballet del San Martín, a pesar de ser parte notable del patrimonio cultural de la ciudad, no existe. Está creado “de palabra” y depende de que todas las voluntades políticas de turno quieran que el Ballet se siga conservando. Por esta razón es vulnerable ante cualquier cambio político, económico o administrativo.

Un Ballet, o cuerpo, que no está creado como corresponde y cuyos integrantes están contratados de manera tan precaria; está en constante riesgo de disolución, como ya sucedió en el año 1971. Y esta situación deja en claro otro importante punto: A los bailarines del Ballet del Teatro San Martín se nos niega el “derecho a la seguridad de continuidad laboral que el estado garantiza a todos sus empleados que realicen tareas con habitualidad y regularidad.

4) En Agosto pasado el Gobierno de la Ciudad publicó un comunicado llamando a todos los contratados (incluso los del C.T.B.A.) a firmar una declaración jurada para pasar al sistema de empleo público (decreto 948). Los bailarines nos presentamos pero también nos fue negado este derecho. Siendo una discriminación absoluta, ya que los bailarines contratados del Teatro Colón fueron incluidos en este decreto.

5) Este tipo de contrato deja completamente indefenso al trabajador ya que contempla todas las obligaciones pero ningún derecho. Un claro ejemplo de esto es que, varios años atrás, una bailarina fue obligada a renunciar por quedar embarazada teniendo que recuperar su trabajo, luego de tener familia, rindiendo en un concurso nuevamente. Si se permite “especular”, se diría que estos contratos fomentarían el autoritarismo, el mal trato y la denigración gratuita de los trabajadores. Estos hechos, faltas e irregularidades que atentan criminalmente contra los derechos básicos de cualquier trabajador; nos produjeron una urgente y necesaria toma de conciencia.


Llamado a la conciencia cultural de la sociedad

El siguiente es un informe sobre la problemática de los cuerpos artísticos del Teatro Gral. San Martín. Para su conformación se buscó declaraciones de algunas de las personalidades que fueron y son fundamentales en su historia. En esas declaraciones se encontrarán un sin fin de interesantes contradicciones con las que, sin duda y a través de un análisis y razonamiento precisos, pretendemos clarificar minuciosamente y alertar sobre la situación laboral en que se encuentran estos cuerpos; para que pronto se pueda iniciar el camino hacia la mejor solución laboral para estos artistas.

¿Que función cumplen el Teatro San Martín y sus cuerpos artísticos en nuestra sociedad?

En la revista “Teatro” Nº 91 publicada en agosto de 2007, Oscar Araiz define con extrema belleza la función del Teatro San Martín y sus cuerpos artísticos:

El Teatro es contenedor de la vida anímica de la ciudad

Según lo expresado en el programa de mano de la función de “El Mesías” del año 2007 a beneficio de la “Asociación Amigos del Ballet” el Director General y Artístico del C.T.B.A., señor Kive Staiff dijo:

El Teatro San Martín es una institución modélica, que afronta el desafío de utilizar la cultura (el teatro, la danza, el cine, las artes en general) como una herramienta capaz de mejorar la vida de la sociedad argentina y de sus integrantes, como un paradigma de la educación permanente.

En estos vertiginosos tiempos en donde el estado anímico de la sociedad está en crisis (el ejemplo argentino más claro tal vez sea la debacle económica, social y política del año 2001) es un alivio que exista un “luminoso faro contenedor” como el Teatro San Martín: institución modelo y paradigma de la educación permanente”.

Al ser un teatro oficial y tener la misión de transmitir cultura y educar, se transforma en una herramienta (para el Gobierno Nacional y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) de comunicación, formación y guía.

Es de público conocimiento el esfuerzo de los gobernantes argentinos para luchar contra el trabajo en negro y para divulgar la importancia y obligatoriedad de los derechos laborales de cualquier trabajador, como por ejemplo; la obligación de cualquier empleador de contratar una A.R.T. para su empleado.

Una clara muestra del ánimo de nuestros gobernantes por proteger los derechos laborales de sus ciudadanos es el decreto 948 vigente en la actualidad y que, de acuerdo con lo dispuesto por el Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, permite a todos los contratados por locación de servicios de la misma a ingresar al sistema de empleo público.

El teatro San Martín, “por ser modelo”, además de educar con los espectáculos que ofrece, educa con el ejemplo. Y no es un buen ejemplo tener Contratados Anuales por Locación de Servicios sin la cobertura de una A.R.T.

Tampoco es buen ejemplo, el hecho de que esos contratos (y ahora en clara referencia a los contratos del personal artístico del C.T.B.A.) hayan sido renovados por dos, nueve, veintiún y hasta más años consecutiva e ininterrumpidamente (encubriendo una clara relación de dependencia), y que llegada la oportunidad de “blanquear” ésta situación (como lo es el decreto 948) se los excluya en forma arbitraria y discriminatoria.

¿Qué piensan los que fueron directores del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín (BCTSM) sobre el actual sistema contractual?

Desde el interior mismo de la actividad teatral han surgido siempre no pocos cuestionamientos a los organismos artísticos estables

Palabras de Kive Staiff en su editorial de la Revista Teatro Nº 91– agosto de 2007

¿Cuáles son estos “cuestionamientos

a los organismos artísticos estables”?

Oscar Aráiz, ex director y fundador del primer BCTSM, expresó este pensamiento en la Revista Teatro Nº 91– agosto de 2007.

La situación laboral, contractual, hace que la gente pueda vivir y esté despierta y mejorando día a día, defendiendo su lugar y luchando por él”.

Alejandro Cervera,
ex director del BCTSM,

en el programa
“Escenarios de Buenos Aires”
transmitido por “Canal (á)”
el Miércoles 12 de septiembre de 2007:

El San Martín
tiene este ballet que
por suerte no es estable”.
Sin embargo, unos momentos antes
se lo podía escuchar diciendo:
Crear una compañía oficial
e
s un proyecto ambicioso en si mismo.
(…) por suerte fue un proyecto de largo aliento,
y que creo que es como una bisagra
en la historia de la danza en la Argentina.
Yo
me acuerdo siempre de Kive diciendo:
“Ustedes no son el Ballet del San Martín,
ustedes son parte del San Martín “”
 
Ana María Stekelman,
ex directora y fundadora
del actual BCTSM,

un poco más explícita,
y en el mismo programa:
Es muy bueno como está creado
el Ballet del San Martín: en el sentido
de que los contratos son anuales y
entonces no permite que el bailarín “se achanche”.
El bailarín
que no le gustó el ballet ese año,
se puede ir
, el director lo puede sacar si engordó
o si pasó algo”
.
 

Con respecto a este último comentario de la señora Ana María Stekelman convendría aclarar dos cuestiones:

1º) Dado al carácter excluyente de compañía oficial no dedicada a la danza clásica que tiene el Ballet del San Martín, no es una opción viable para ninguno de los bailarines de la compañía renunciar a su cargo y esto se ve reflejado en un comentario de su actual director, Mauricio Wainrot, publicado por “Balletin Dance” en septiembre de 1998:

En otros países te tomás un tren y en dos horas estás en otra ciudad donde hay otra compañía… yo no tengo la culpa de que eso no ocurra aquí. (…) Sé que la situación de la danza en el país es fatal y que los grupos independientes no tienen nada.

2º) Según Stekelman es gracias a la precaria situación contractual de los bailarines, que estos “no se achanchan”. Sin embargo, curiosa indignación tenía Wainrot en sus primeros años frente al Ballet del San Martín por esta misma situación:

Mauricio Wainrot: (…) hubo cambios en lo que se refiere a la parte contractual. Para los bailarines es como una pesadilla. Me da vergüenza cuando me traen las facturas para que se las firme; he trabajado en alrededor de 35 compañías y nunca he visto que un bailarín presentara una factura. Están en el bar discutiendo no sobre danza sino sobre monotributo, y no lo puedo creer.

Entrevista de Laura Falcoff publicada por el diario Clarín en el año 1999.

Pero la declaración de la señora Stekelman instala una gran duda:

¿La estabilidad “achancha”?

Decir que “la estabilidad achancha” es como decir que “el contrato basura fomenta el autoritarismo”. Una cosa no necesariamente lleva a la otra, sin embargo ese peligro existiría porque, de los comentarios anteriores, se podría deducir que la estabilidad laboral “atentaría” contra el rendimiento artístico; siendo ésta, la gran causal de todos los problemas que se han visto en otros teatros donde verdaderamente existe estabilidad como, por ejemplo, El Teatro Colón.

Tristemente, al cuerpo de baile del Teatro Colón se lo tiene despectivamente catalogado como un cuerpo de bailarines fuera de estado físico y pasados de edad. Donde solo estarían en condiciones de bailar el 40% de la compañía aproximadamente; y donde abundan los conflictos, suspensión de funciones y paros.

Por estos motivos es entendible que en el ceno mismo del Ballet Contemporáneo (su director y ex directores) se cuestione a los organismos artísticos estables

¿Qué grado de influencia puede tener el entorno social,

laboral o político en el rendimiento de una compañía de danza?

  • Mauricio Wainrot: “Yo vine a ver clases, vine a ver ensayos, y sentí como una desmoralización, una carencia de mística en el trabajo de los bailarines; y había motivos. Además hubo problemas económicos y administrativos que los torturaron. En este momento los bailarines tienen que presentar facturas para cobrar y después esperar tres meses para que les paguen. O sea, están en el mejor lugar, pero no en las mejores condiciones.”

De la entrevista titulada “BORRÓN Y CUENTA NUEVA” de Laura Papa para la revista TIEMPO DE DANZA Nº 19 abril/mayo 1999 con motivo del reciente nombramiento de Mauricio Wainrot al frente del Ballet Contemporáneo.

  • Oscar Aráiz: La trayectoria de una compañía puede conocerse no solamente por los comentarios de la crítica o la importancia de las giras; su entorno social, laboral o político puede teñirla de tristezas o incomodidades, oscuros pozos paralizantes, de súbitas recuperaciones, destellos, explosiones y vaciamientos morales con la fugacidad de un fuego artificial. Gran parte de su actividad se apoya en el plano emocional que es su virtud y su defecto, haciéndola vulnerable a la más mínima modificación de su alquimia.”

Del Libro conmemorativo “BALLET CONTEMPORÁNEO, 25 AÑOS EN EL SAN MARTÍN” editado

Entonces, ¿qué es lo que verdaderamente pasa

en el Teatro Colón y su Ballet Estable?

Los hechos que dan tan mala fama al primer coliseo no son más que consecuencias de malos manejos que se vienen arrastrando por décadas en la política cultural/administrativa de la ciudad.

Lamentablemente si hay bailarines “mayores o pasados de edad”, es porque no existe (o, más precisamente, dejó de existir) una ley adecuada y especial de jubilación para bailarines. Y los conflictos se deben, justamente, a reclamos que apelan al sentido común. Porque es inaplicable la ley jubilatoria que dice que un bailarín deba continuar con su función de bailarín hasta los 65 años. Cuando se sabe que la vida útil de estos artistas no alcanza esa edad, por razones obvias, con las óptimas condiciones físicas que necesita el desarrollo de esta profesión.

Ahora bien, ¿esto quiere decir que los bailarines (que en definitiva también son trabajadores que cumplen su función dentro del engranaje social) no tienen derecho a “los derechos laborales”? ¿Hay que entrenarlos, usarlos y desecharlos? ¿Es destino de la mayoría de los bailarines ser aclamados y admirados en su juventud para luego transformarse en “parias sociales” cuando la edad les imposibilita seguir cumpliendo con su función? ¿Llegar a “parias sociales” es culpa de ellos y de su “estabilidad laboral” o culpa de leyes mal hechas que no conocen del desgaste y riesgos físicos de la profesión?

Pero el régimen jubilatorio no es el único “enemigo” de los bailarines del Teatro Colón. Ellos son estables pero, nuevamente por fallas en la política cultural, no tienen continuidad laboral dada a su débil programación artística, pocas funciones y escasez de títulos de repertorio clásico que utilicen el 100% del número de bailarines y que generen el training, el incentivo y el crecimiento artístico que se requiere para la efectividad de esta profesión. Y aquí se establece la primera gran diferencia con los bailarines del Teatro San Martín.

+ diferencias – similitudes

(Los siguientes datos son aproximados)

Ballet del Teatro Colón:

  • Cantidad de bailarines: 100
  • Cantidad de funciones anuales aproximadas en los últimos años: 35, distribuidas en tres a cuatro programas por año (de 7 a 11 funciones por programa)
  • Repartos que se turnan en cada programación: 3 (a veces 4) que distribuidos en las pocas funciones, da poca oportunidad a cada reparto de desarrollarse artísticamente.
  • Categorías: 3. Cuerpo de baile, solista, primer bailarín/a (pocos bailarines de la categoría “cuerpo de baile” han tenido la oportunidad de destacarse como “solista” o “primer bailarín”)

Ballet del Teatro San Martín

  • Cantidad de bailarines: 26
  • Cantidad de funciones anuales aproximadas en los últimos años: 70, distribuidas en cuatro a cinco programas por año (de 16 a 24 funciones por programa)
  • Repartos que se turnan en cada programación: 2 que distribuidos en las muchas funciones, da gran oportunidad a cada reparto de desarrollarse artísticamente.
  • Categorías: Ninguna. (La falta de categorías le da la oportunidad a cualquier bailarín/a de destacarse. Como también da más libertad a los coreógrafos para elegir)

El resultado de esto es que los 26 integrantes del Ballet del Teatro San Martín SIEMPRE bailan TODO. Dándoles, a cada uno de ellos, la oportunidad de perfeccionarse, probarse a nuevos desafíos, mantenerse física y psíquicamente sanos. Estas condiciones laborales (y NO la situación de precariedad contractual) hacen que no haya tiempo ni espacio para “achancharse”.

En definitiva un bailarín, como cualquier trabajador, funciona mejor si se aplican políticas de incentivo laboral dando lugar al progreso personal y profesional.

Cuando Mauricio Wainrot se hizo cargo de la dirección

del ballet, presentó un proyecto de trabajo eficiente que

nunca dio lugar al “estancamiento” de los bailarines:

“Desde que en 1999 me hice cargo de la dirección artística del Ballet Contemporáneo, mi objetivo fue elevarla calidad profesional de nuestra compañía (…) y de esta manera poder abordar otras temáticas, ampliando el espectro general de nuestras obras.

Otro de mis objetivos cumplidos fue el de brindar la público y a nuestros bailarines la mayor gama posible dentro de las diferentes escuelas y formas de la danza contemporánea. (…) La compañía ha tomado un giro artístico trascendente, para convertirse en la actualidad en uno de los exponentes culturales de mayor importancia en la Argentina. El inédito vuelco que el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín ha dado desde entonces ha sido fruto de una visión y de una política cultural precisa y concreta, y de un trabajo grupal de gran magnitud, en el que se han aunado diferentes criterios creativos.”

Revista Teatro Nº 91 – agosto de 2007. pag 46 – 48

La inclusión de Mauricio Wainrot como director del Ballet del San Martín trajo un cambio en las políticas culturales con las que se manejaba este cuerpo artístico:

· Se amplió la cantidad de funciones anuales.

· Se amplió la cantidad de estrenos.

· Se amplió el espectro estético de la compañía con la incorporación de numerosos coreógrafos nacionales y extranjeros y, por ende, con la incorporación de una gran variedad de diversos lenguajes.

El deseo y esfuerzos de prosperidad de Mauricio Wainrot para con la compañía se vieron reflejados inmediatamente en el rendimiento de los bailarines, en la respuesta del público y las sorprendentes críticas.

Así se habla hoy en día del BCTSM (testimonios extraídos

de la revista Teatro Nº 91 del complejo teatral de Buenos

Aires publicada en Agosto del presente año 2007, y de otras

fuentes):

Laura Falcoff, crítica de danza: Lo que no parece innecesario subrayar, es la muy alta preparación de los interpretes del Ballet del San Martín, que los hace afinadamente disponibles para las más variadas y disímiles demandas coreográficas; aunque sus nombres no son conocidos por el gran público, constituyen uno de los más sólidos y extraordinarios elencos que haya dado la historia de la danza del país.

Eduardo Giorello, critico de danza: El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín constituye una de las instituciones faro de la cultura argentina. (…) El grupo ha abierto a un amplio espectro estético, que incluye diferentes lenguajes de la danza y varios estilos compositivos, otorgando a los bailarines un eclecticismo necesario y felizmente saludable. (…) las columnas básicas sobre las que se apoya la excelencia del Ballet Contemporáneo son el rigor, la disciplina de sus componentes (…)

Eleonora Cassano, bailarina: La Compañía se encuentra hoy en uno de sus mejores momentos. Uno se sorprende con cada una de sus obras y son inevitables comentarios como: “¡Qué compañía!, ¡Qué bailarines!”. (…) Hacen un trabajo magnífico que se puede apreciar desde la direccion y la coreografía hasta el movimiento de cada uno de los bailarines. Y por esta razón es hoy una de las mejores compañías del país.

Lino Patalano, empresario teatral: A mi criterio es una de las más sólidas compañías que existen, cuentan con un repertorio impresionante, (…) es uno de los pocos casos en nuestro país en el que un grupo sigue sosteniendo la calidad, independientemente de los cambios de sus directores. Por eso es un monumento a la continuidad y al crecimiento artístico. Ir a ver a la compañía es una fiesta y no solo artística sino también humana.

Mauricio Wainrot, actual director del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín: La compañía atraviesa el que tal vez sea el mejor momento en su historia. Que nuestro presente supere todas las instancias pasadas es un hecho muy promisorio para todos los integrantes actuales de la compañía, y una apuesta al futuro.

En un mail enviado desde Canadá por Mauricio Wainrot el Miércoles 8 de Agosto de 2007, hizo partícipe a la Compañía de un comentario que recibió de la Ministra de Cultura Silvia Fajre:

La compañía está en el inconciente colectivo de los ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires, por la gran calidad y esmero del trabajo y excelentes producciones.”

Entonces la estabilidad y continuidad laboral ¿atenta contra el rendimiento artístico?

No. Ya quedó demostrado que lo que atenta contra el rendimiento artístico es la falta de incentivo y oportunidades de desarrollo. Por el contrario, la unión de “estabilidad y continuidad laboral” es un incentivo que es necesario y buscado por cualquier trabajador, incluso los bailarines:

Mauricio Wainrot:

“(…) no quiero dejar de destacar la importancia que tuvo para todos nosotros el haber contado con apoyo económico y una continuidad de trabajo por tantos años” Revista Teatro Nº 91 – agosto de 2007. pag 49

Kive Staiff:

“Se planteó, desde el comienzo, (…) que éste no resulte un hecho aislado en el tiempo, sino el inicio de un proceso artístico perdurable, afirmado en el rigor, la disciplina y la libertad expresiva”.

En una nota de Paulina Ossona a propósito de la creación del Grupo de Danza Contemporánea del Teatro San Martín titulada: “El Grupo de Danza Moderna del San Martín y su significación en distintos ordenes” del libro “Ballet, Ideario de la danza”

Ana María Stekelman:

“Es indudable que el hecho de trabajar constantemente con un mismo grupo posibilita cierta unidad de lenguaje”.

Revista Teatro Nº 91– agosto de 2007. pag 52

Jorge San Pedro:

“La inquietud del Teatro San Martín apuntaba a nuclear, con la imprescindible estabilidad que garantiza el apoyo oficial, a todas las fuerzas dispersas de esta especialidad. La estabilidad garantizada por el apoyo oficial- canalizado a través del Teatro San Martín- y la continuidad en el trabajo constituyen hechos destacables”.

En su nota “Un nuevo concepto en ballet” del libro “Ballet, Ideario de la danza”; a propósito de la creación del Grupo de Danza Contemporánea del Teatro San Martín

La estabilidad y continuidad de trabajo de un grupo da posibilidades de expansión, de investigación, de profundización de lenguajes…

Esta continuidad de trabajo, ¿está garantizada?

Según el propio Jefe de Gobierno Sr. Jorge Telerman en su discurso por los 30 años de vida del Ballet y Grupo de Titiriteros, dijo:

El San Martín, sus cuerpos estables y su sala Leopoldo Lugones son posibles, y seguirán siendo posibles, gracias al “compromiso de continuidad”

Revista Teatro Nº 91 – agosto de 2007. pag 182

Alejandro Cervera, ex director y coreógrafo, en el programa “Escenarios de Buenos Aires”:

Por suerte fue un proyecto de largo aliento

Entonces esta continuidad que tanto agradecen y buscan las personalidades de la danza, ¿se sostiene tan solo por un compromiso de palabra? ¿O porqué se tuvo la suerte de que el aliento que se tomó, en el momento de crear al ballet, “fue largo”?

Si “la continuidad” no está asegurada, ¿qué sucede

con “la estabilidad” de los cuerpos artísticos del C.T.B.A.?

En el programa de mano de la función especial de “EL MESÍAS” ofrecido por el Ballet Contemporáneo del C.T.B.A. para recaudar fondos para la Fundación Amigos del Teatro San Martín, se hace referencia y celebra los 30 años de vida del Ballet Contemporáneo, afirmando que es una agrupación artística estable: “Sin duda, la permanencia y crecimiento de una agrupación artística estable es una realidad muy poco frecuente en la Argentina. Por eso (…) queremos compartir con todos ustedes la alegría por el aniversario del Ballet Contemporáneo y del Grupo de Titiriteros, los elencos estables del teatro San Martín que este año cumplen 30 años de vida.”

Más adelante, en el mismo programa y en una breve reseña histórica de la compañía, se señala que Ana María Stekelman fue convocada para dirigir el recientemente formado y denominado Grupo de Danza Contemporáneo del Teatro San Martín: “Comenzaba así su camino el primer elenco estable dedicado exclusivamente a la danza moderna”

¿Qué tan “estables” son los cuerpos artísticos del Teatro San Martín?

Lisu Brodsky, ex bailarina, coreógrafa y maestra del BCTSM en una nota de la revista Teatro Nº 91 dice:

“Realmente es un mérito de la dirección del teatro haber mantenido hasta hoy una compañía estable.”

En una nota del diario La Nación firmada por Pablo Sirvén (con fecha Domingo 26 de agosto de 2007), se instala la duda sobre qué sería del Teatro San Martín sin Kive Staiff “(…) en la cumbre del Teatro San Martín casi sin pausas desde hace 36 años (en una de esas “pausas”, más precisamente en el año 1989, fue que se disolvió la “compañía de teatro de repertorio” fundada por el propio Kive Staiff en el año 1977) y en un país dónde los políticos buscan perpetuarse en el poder , pero terminan arrasados por la llegada de cada nuevo elenco gubernamental y nada ni nadie de lo conocido queda en pie, llama la atención que Kive Staiff siga ocupando su sillón de director general y artístico del quinto piso del edificio de avenida corrientes 1530 (…) En un país dónde lo bueno de hoy es malo mañana, la estabilidad, representada por la perfecta simbiosis entre el San Martín y Kive Staiff (quién acaba de cumplir 80 vitales años) nos deparó a los ciudadanos de esta ciudad y a sus asiduos visitantes (…) momentos de felicidad estéticos y artísticos (…) Pero aún con su innegable eficacia la unidad indivisible San Martín/Staiff devela allí también una de nuestras mayores debilidades nacionales: la dependencia absorbente e insustituible de un solo hombre, la ausencia de resortes institucionales que permitan recambios periódicos sin mayores turbulencias.

En el año 1977 Staiff fundó tres compañías artísticas estables: El Grupo de Danza Contemporánea, la Compañía de Teatro y el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín. La posible inestabilidad del Teatro San Martín en caso de que Kive Staiff algún día se ausente, tiene sus fundamentos en los hechos históricos referidos en los siguientes testimonios:

Kive Staiff lamenta la disolución (durante un período donde no estaba al frente de la dirección del teatro San Martín) de uno de los cuerpos artísticos estables que él creó: “Derramo aquí una sola lágrima por la compañía de teatro que solo tuvo catorce años de vida y no pudo continuarse. Una decisión de las autoridades de la institución de ese momentoRevista Teatro Nº 91 – agosto de 2007. pag 3 y 178

También Mauricio Wainrot, actual director del Ballet Contemporáneo, se refirió a otro caso de disolución: “Nacida en 1977, por decisión de Kive Staiff, la compañía vino a cubrir una enorme vacante producida en 1971 cuando el primer Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín que dirigía Oscar Araiz fue injustamente disuelto, una pésima decisión tomada por quién ejercía la dirección artística del teatro en aquellos tiempos.” Revista Teatro Nº 91– agosto de 2007. pag 46

Oscar Aráiz cuenta: “Durante mi dirección, el Teatro San Martín atravesó cuatro direcciones generales. La crisis económica se fue acentuando, al punto que me vi conminado a reducir el ballet en un 25% de su elenco. Fue un momento muy difícil porque ya no se trataba de hacer crecer a la compañía, sino de evitar la amenaza de su disolución. Toda la energía se concentró en tratar de salvar y conservar lo que éramos.” Revista Teatro Nº 91 – agosto de 2007. pag 61

Después de estos testimonios es entendible que en su discurso por los 30 años de vida del Ballet y Grupo de titiriteros la Ministra de Cultura Silvia Fajre haya dicho: “debemos sentirnos orgullosos de sostener una política cultural a través del tiempo, algo que no siempre es fácil en un país como la Argentina.” Revista Teatro Nº 91 – agosto de 2007. pag 179

¿Por qué razón “elencos artísticos estables” han sufrido la reducción de sus integrantes y hasta la disolución total del cuerpo?

Ø Estos “cuerpos artísticos estables” no están nomenclados. No reciben una partida presupuestaria específica para cada uno de ellos. No tienen reglamento.

Ø Tienen 30 años de existencia, 30 años de historia, 30 años de tradición y función cultural. Pero en el mundo del papeleo administrativo, estos “cuerpos artísticos estables” no existen. Por esa sencilla razón son vulnerables ante cualquier cambio político, económico o administrativo.

Ø Los 30 años de historia, la vida, familias y carreras profesionales de más de 60 artistas penden de un hilo llamado Kive Staiff.

¿Hay alguna posible solución a este problema?

En principio la política cultural de la ciudad tendría que hacer lo que se debería haber hecho desde un primer momento. Crear en los papeles lo que hace 30 años está funcionando en los hechos.

En la nota del diario La Nación, Pablo Sirvén sugiere que sería bueno: “(…) instrumentar de una vez algún sistema de gobierno del C.T.B.A. (Complejo Teatral de la Ciudad de Buenos Aires) consensuado que permita al San Martín ingresar en una era definitiva de estabilidad sin tener que depender de una sola persona y con saludables alternancias, donde la organización venza el efímero tiempo de los hombres.”

Ø Hay que lograr una política cultural que diseñe un plan que apoye, valore y retenga a sus artistas.

Laura Papa, en una entrevista a Mauricio Wainrot para la revista TIEMPO DE DANZA Nº 19 abril/mayo 1999 dice: “El año 1998 fue transitado por el ballet del San Martín, que cumplía su treinta aniversario (contando desde la creación del primer ballet del Teatro San Martín en 1968 y que se disolvió en 1971), de una manera particularmente anómala: sin el cargo de director formalmente ocupado, sin proyectos, sin certezas de ningún tipo.”

Con la ayuda de las vueltas de la vida y de los números, este año 2007, el Ballet del Teatro San Martín, “volvió” a cumplir treinta años gracias a que tuvo “una segunda fundación” en 1977. Estos “segundos 30 años” encuentra al Ballet en una posición muy diferente gracias al esfuerzo de todo su plantel (Directores, bailarines, asistentes, maestros, coreógrafos, etc…) La ministra Silvia Fajre terminó su discurso por los “nuevos” 30 años de vida del Ballet y Grupo de titiriteros diciendo: “Estoy segura de que seguirán construyendo ésta política cultural, quienes se encuentran hoy en ésta celebración”.

Pensamos, los que estábamos en aquella celebración, que éste es un momento ideal para “comenzar a construir” lo que, paradójicamente, ya está funcionando.

bailarinesorganizados@gmail.com

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